20/05/2012

Trabajar las palabras como un orfebre

Reseña de Andrade, segunda novela de Alejandro García Schnetzer,
publicada el 20/05/2012 en el Suple Cultura de Tiempo Argentino

La segunda novela de Alejandro García Schnetzer, Andrade, cultiva no sólo un mismo estilo que la primera, Requena (ambas de editorial Entropía), sino también una misma gentileza con el lector. La escritura invita a internarse en las páginas del libro con una sonrisa que se mantiene hasta el punto final. El tono se adentra en una atmósfera poética y un poco tristona, pero logra conservar una veta humorística fresca, lo mismo que algunos buenos tangos, de esos que se escuchan sonriendo.

La prosa, trabajada hasta el más pequeño detalle, en el ritmo y la sonoridad, llevó a Juan Gelman a decir que el verdadero personaje del libro es el lenguaje: “El autor le descubre una arquitectura propia de la que brota la ironía que es pariente íntima del humor, afilada y a la vez compasiva, y hermoseante porque logra que alguien pinte de verde las alas de un gorrión.”
Villegas, enclavado en su librería de usados, y sus dos satélites (Andrade y Galíndez), peregrinando en busca de tesoros librescos, son los protagonistas centrales. El primero los instruye: “Hagan por caso que éste es el templo de Adam Smith: compramos barato y vendemos a mano armada; usted no se aparta de esta doctrina y nuestra fortuna será ilimitada.” En el medio, mientras rebuscan en bibliotecas huérfanas, filosofan con humor inteligente sobre la vida y la muerte.
El texto construye su identidad dentro de una tradición difícil, en la que resuenan Borges y Macedonio, y así como se ve la familiaridad con estos autores también se escucha la voz que construye la narración. Las palabras, que a veces parecen rescatadas del arcón de un anticuario, son exhibidas con pasión de coleccionista, como si de una miniatura barroca se tratara, mientras más de cerca se mire más sutiles arabescos se observan. La pequeña novela, escrita en breves fragmentos, pertenece al género de esas que se leen de un tirón.
El final, sorprendente, no se deja adivinar desde este comienzo: “Lucio Andrade abrió los ojos, los cerró y se quedó quieto. ¿Qué le pudo haber durado?, ¿tres segundos?, la pausa que va del despertar a la conciencia, cuando es el paraíso la almita, tela toda sin pintar. Se dio media vuelta y en la operación crujió el elástico. Trató de volver el recuerdo atrás. No sirvió de nada. Acabó por sentarse en el borde de la cama, prendió un cigarrillo, prendió la radio, y siguió durante un rato la perorata cansina del locutor contando siempre lo mismo: epidemias, revoluciones, pogroms, crímenes escabrosos, retorcidos. –No te aguanto más –dijo, y de un manotazo corrió el dial. Así empezó el día.”

29/04/2012

Cosas nunca vistas ni soñadas

Artículo publicado en el suplemetno Cultura de Tiempo Argentino el 29/04/2012

La gran novela latinoamericana es la confluencia del Carlos Fuentes
lector y el escritor. Es un largo ensayo que recorre la literatura de
este continente desde sus comienzos. El punto de partida elegido es “la
memoria épica, ancestral y mítica de los pueblos del origen”, en esa
oralidad descansa uno de los linajes a los que remonta la historia el
escritor mexicano.
Los europeos encontraron “cosas nunca oídas ni vistas ni aún
soñadas”, porque las buscaban e incluso las necesitaban. La aparición de
América en su horizonte, explica Fuentes, los salva del encierro
geográfico que padecían. Sin embargo, a esta espacialidad el mundo
indígena responde que “el lugar que no es no puede tener territorio.
Sólo puede tener historia y cultura, que son las maneras de conjugar el
tiempo. Origen de los dioses y el hombre.” Para el autor de La muerte de
Artemio Cruz, la literatura es la realización del mito, y su función
primordial es dar forma a la voz secreta de la comunidad. Las letras
americanas se desarrollan mestizas, reclinadas en ambas tradiciones.
Como la novela moderna, que nace con don Quijote, esa gran novela
mítica que da título al libro está construida por muchos géneros: la
crónica, la poesía, el cuento. Bernal Díaz del Castillo –que sería
nuestro primer novelista–junto a Sor Juana, Neruda, Borges, Roa Bastos,
García Márquez, Carpentier, Elena Poniatowska y también al brasileño
Machado de Assis o Nélida Piñón, entre otros, son parte de ese relato
trascendente que da cuenta de esas contradicciones, tan
latinoamericanas, entre realidad y legalidad. Siempre faltan autores, la
ausencia del chileno Bolaño es tal vez la que más suspicacias ha
causado.
Historia, política, literatura se enlazan al paso de la pluma de
Fuentes. Su escritura lamentablemente se empobrece al abrazar
explicaciones simplistas de los cambios históricos –como la antinomia
civilización y barbarie, por caso– sin agregar ningún matiz para darles
vigencia. Los límites de su visión surgen al restringir los impulsos
históricos a una característica –ficcional o real– de un personaje.
Evita es un caso ejemplar: “Una Eliza Doolittle de la Argentina profunda
esperando al profesor Higgins que le enseñara a pronunciar las ‘erres’”
“Argentina se convirtió en su Ínsula Barataria, sólo que el Quijote era
ella y Sancho Panza su marido realista, jornalero, chato”.
La polémica es uno de los condimentos que hacen interesante un
libro, y a este no le falta sazón. Allí donde el escritor se detuvo,
comienza el lector, ya que como dice Fuentes: “Cada lector crea su
libro, traduciendo el acto finito de escribir en el acto infinito de
leer”.

15/04/2012

Crónicas neobarrosas

La reseña de Rosa Prepucio de Alejandro Modarelli se publicó en el suplemento Cultura del diario Tiempo Argentino el 15/04/2012

El último libro de Alejandro Modarelli se llama Rosa prepucio. Crónicas de sodomía, amor y bigudí y fue editado hace poquito por editorial Mansalva. El título puede ser equívoco, que el lector no espere encontrar sólo crónicas, la escritura no respeta géneros, y salta feliz y aguda al ensayo y la ficción. Es que el género –el textual y el sexual– escapa de las esencializaciones cerradas, represivas y “cruza por fin los sucesivos espejos que constituyen el mundo rutinario donde el que tiene pito es un varón, y el que lleva tetas una mujer, y se adentra en el país de las maravillas murgueras”.

Estas páginas, que se insertan en la fértil biblioteca del neobarroso rioplatense, contienen personajes de todo pedigrí, aunque las “locas” son las vedettes. Las locas con su deseo de hombre que las satisfaga; las locas como testimoniantes de la opresión y el deseo incontenible. Las locas viejas que, melancólicas, ven desaparecer un mundo en el que eran la realeza: “Las locas del ocaso”, la aristocracia de los baños públicos.
Los textos de Rosa prepucio suman puntos de vista, por ejemplo muestran cómo se vivieron las transformaciones políticas desde ciertos márgenes. ¿Cómo percibieron el advenimiento de la democracia “La Diosa Arrodillada” o “La Betty Boop”, algunas de las protagonistas del primer relato? En el “Nacimiento de la Marisol”, se relata el devenir de un niño que a los treinta y tantos se hace travesti, y que “se pregunta cómo denominará el repertorio psiquiátrico y el orden jurídico a aquellos menores que abusan de los adultos.”
Modarelli, que en 2009 publicó junto con Flavio Rapisardi Fiestas, baños y exilios. Los gays porteños y la última dictadura, retrata en este libro diversos modos del amor, la pasión, la hipocresía y el odio. No presenta el mundo de los gays bien integrados, sino la aventura de personas cuya sola presencia representa una afrenta para el orden dominante. Almas de mujeres encerradas en cuerpos de hombres, transformados a su vez en cuerpos de mujeres que les compiten a estas en el terreno de la sexualidad, y a veces ganan. La mirada aguda y políticamente revulsiva tracciona la lectura y enciende el interés, ya que no se olvida de la alegría al momento de escribir. En estos relatos el sexo es el reaseguro de la aventura, y en esta se puede sentir el drama que habita ya sea en el Medio Oriente islámico-gay, en el México súper macho, o en la Cuba socialista. Pero Modarelli recoge sus relatos en las grietas donde los edictos morales ceden ante el deseo. Como extra, cierran el libro un iluminador posfacio de Roberto Echabarren y un muy buen análisis de María Moreno en la contratapa.

25/03/2012

El contable hindú, de David Leavitt

Los números, el único orden
Esta nota se publicó en el Suplemento Cultura de Tiempo Argentino el 18/03/2012

Números, fórmulas, proporciones son la materia de las querellas a las que se lanzan tranquilos académicos apasionados por el conocimiento abstracto. Pero incluso a estos hombres, cuyo sueño más audaz reside en una pura demostración matemática, la vida les cruza extrañas aventuras.
El contable Hindú, última novela de David Leavitt, publicada como toda su obra por Anagrama, está basado sobre dos pilares, por un lado, un importante trabajo de investigación sobre la relación entre un catedrático inglés y Srinivasa Ramanujan –“la figura más romántica de la historia reciente de la matemática”–, un humilde contable hindú que, sin instrucción formal, logró echar luz sobre los arcanos más inextricables de la ciencia más pura. Y por otro lado, una recreación literaria de ese vínculo y su realidad histórica.
G. H. Hardy, uno de los matemáticos más importantes del siglo XX, es quien lleva la responsabilidad de contar la historia en el contexto de la I Guerra Mundial, complejizado por la debacle de la relación colonial de Inglaterra con India. Los números aportan la seguridad en un orden que parece desvanecerse, por eso, al colocar el foco del relato en los individuos, sus relaciones y el marco histórico, Leavitt cuestiona el postulado de la ciencia pura, develando entretelones que muestran con precisión las fuerzas no científicas que ordenan los estudios académicos. Por ejemplo, la presencia del genio, las lucha por el prestigio o la elección de la notación newtoniana en detrimento de otra más sencilla: “¿Y eso por qué? Pues porque Leibniz era alemán y Newton inglés, e Inglaterra era Inglaterra. Por lo visto, el patriotismo importaba más que la verdad, incluso en el campo en que se suponía que la verdad era absoluta.”
La novela en sus más de 600 páginas presenta a Keynes, Bertrand Russell, Moore y Wittgenstein como el centro de la vida intelectual inglesa, pero insertos en cofradías universitarias de corte gay. Una de tantas estrategias que hacen ingresar a la matemática en el mundo humano y, al hacerlo, adquirir otra riqueza y complejidad. Al fin y al cabo, la belleza, la simplicidad y cierto aire juguetón son características que la matemática comparte con la poesía. Por no mencionar la inutilidad: “Hoy en día, siempre que escribo esa fórmula, pienso: ¡qué criatura más extraordinaria! Es como uno de esos osos de circo entrenados para mantener un automóvil en equilibrio sobre el hocico, o algo semejante. Hay un resplandor en cada una de sus barrocas circunvoluciones; aunque el resplandor da una falsa impresión del laborioso proceso que seguimos para lograrlo.”

18/03/2012

Masada live in Buenos Aires - Una noche de sonidos imposibles

Esta nota se publicó originalmente en la sección Espectáculos de Tiempo Argentino el 18/03/2012. (Muchas gracias Marcelo y Majo)



*** Masada***

Todo llega, para el que sabe esperar. Masada, el mito del jazz neoyorquino, hizo erupción en el Teatro Coliseo, única oportunidad que tuvo el público porteño de asistir en vivo a una de las propuestas musicales más extremas de la música contemporánea.
Una multitud expectante se afirmó frente al teatro desde temprano, y podía advertirse que la relación entre las mujeres y el jazz no es numerosa: el porcentaje era muy bajo. “Conmigo somos nueve”, exageró entre risas una joven asistente.
El espectáculo, de casi una hora y media, no dejó deudas pendientes. El cuarteto se ubicó en el centro del escenario, como un pequeño tornado, y demostró que más allá de la erudición de cada uno de sus integrantes, la música se genera en el diálogo grupal. “Como un jugador de fútbol que hace un pase de memoria, sin mirar, sabiendo que su compañero va a estar ahí para recibirlo”, arriesgó un músico, amigo del baterista Joey Baron. Esa química sólo es posible en una banda que lleva casi 20 años tocando por los escenarios del mundo.
***John Zorn***

La primera parte del show fue, ovación tras ovación, de Baron y Greg Cohen, contrabajista de Tom Waits y miembro de la famosa banda de Woody Allen. En el cuarto tema, “Rathiel”, volcado y abrazado a su contrabajo, mostró la plasticidad del instrumento al que suelen reducir a base rítmica para lucimientos ajenos. La batería fue otro asombro, con palillos, escobillas directamente con las manos hizo lo que quiso sobre el escenario. Dave Douglas, el trompetista, tuvo una gran performance, aunque sus intervenciones fueron un poco menos arriesgadas que las de sus compañeros.
Por último, John Zorn arrancó sonidos imposibles a su saxo alto y fue el corazón de un dispositivo experimental que deconstruyó desde dentro melodías tradicionales klezmer, y produjo una vivencia vertiginosa y plenamente moderna de la música.
***El gran Greg Cohen***

Además de su propia magia, el fundador de la mítica Naked City funcionó como el armador del equipo en el escenario, marcó los turnos, las entradas, los tiempos de cada improvisación. El juego con el silencio, las explosiones sonoras y los fragmentos melodiosos llevaron la música a todos los límites y recibieron la respuesta apasionada del público.
Masada, el nombre del grupo, refiere a una ciudad que en el año 70 dC realizó uno de los actos de rebeldía más recordados del pueblo judío frente al acoso del Imperio Romano. Esta referencia declara la fe en la resistencia cultural y la libertad como esencia del grupo. A la salida del recital cada participante parecía guardar dentro de sí algo de ese tornado musical que por suerte sacudió a Buenos Aires.

En la sonrisita te bajás el concierto :)