25 mar 2012

El contable hindú, de David Leavitt

Los números, el único orden
Esta nota se publicó en el Suplemento Cultura de Tiempo Argentino el 18/03/2012

Números, fórmulas, proporciones son la materia de las querellas a las que se lanzan tranquilos académicos apasionados por el conocimiento abstracto. Pero incluso a estos hombres, cuyo sueño más audaz reside en una pura demostración matemática, la vida les cruza extrañas aventuras.
El contable Hindú, última novela de David Leavitt, publicada como toda su obra por Anagrama, está basado sobre dos pilares, por un lado, un importante trabajo de investigación sobre la relación entre un catedrático inglés y Srinivasa Ramanujan –“la figura más romántica de la historia reciente de la matemática”–, un humilde contable hindú que, sin instrucción formal, logró echar luz sobre los arcanos más inextricables de la ciencia más pura. Y por otro lado, una recreación literaria de ese vínculo y su realidad histórica.
G. H. Hardy, uno de los matemáticos más importantes del siglo XX, es quien lleva la responsabilidad de contar la historia en el contexto de la I Guerra Mundial, complejizado por la debacle de la relación colonial de Inglaterra con India. Los números aportan la seguridad en un orden que parece desvanecerse, por eso, al colocar el foco del relato en los individuos, sus relaciones y el marco histórico, Leavitt cuestiona el postulado de la ciencia pura, develando entretelones que muestran con precisión las fuerzas no científicas que ordenan los estudios académicos. Por ejemplo, la presencia del genio, las lucha por el prestigio o la elección de la notación newtoniana en detrimento de otra más sencilla: “¿Y eso por qué? Pues porque Leibniz era alemán y Newton inglés, e Inglaterra era Inglaterra. Por lo visto, el patriotismo importaba más que la verdad, incluso en el campo en que se suponía que la verdad era absoluta.”
La novela en sus más de 600 páginas presenta a Keynes, Bertrand Russell, Moore y Wittgenstein como el centro de la vida intelectual inglesa, pero insertos en cofradías universitarias de corte gay. Una de tantas estrategias que hacen ingresar a la matemática en el mundo humano y, al hacerlo, adquirir otra riqueza y complejidad. Al fin y al cabo, la belleza, la simplicidad y cierto aire juguetón son características que la matemática comparte con la poesía. Por no mencionar la inutilidad: “Hoy en día, siempre que escribo esa fórmula, pienso: ¡qué criatura más extraordinaria! Es como uno de esos osos de circo entrenados para mantener un automóvil en equilibrio sobre el hocico, o algo semejante. Hay un resplandor en cada una de sus barrocas circunvoluciones; aunque el resplandor da una falsa impresión del laborioso proceso que seguimos para lograrlo.”

18 mar 2012

Masada live in Buenos Aires - Una noche de sonidos imposibles

Esta nota se publicó originalmente en la sección Espectáculos de Tiempo Argentino el 18/03/2012. (Muchas gracias Marcelo y Majo)



*** Masada***

Todo llega, para el que sabe esperar. Masada, el mito del jazz neoyorquino, hizo erupción en el Teatro Coliseo, única oportunidad que tuvo el público porteño de asistir en vivo a una de las propuestas musicales más extremas de la música contemporánea.
Una multitud expectante se afirmó frente al teatro desde temprano, y podía advertirse que la relación entre las mujeres y el jazz no es numerosa: el porcentaje era muy bajo. “Conmigo somos nueve”, exageró entre risas una joven asistente.
El espectáculo, de casi una hora y media, no dejó deudas pendientes. El cuarteto se ubicó en el centro del escenario, como un pequeño tornado, y demostró que más allá de la erudición de cada uno de sus integrantes, la música se genera en el diálogo grupal. “Como un jugador de fútbol que hace un pase de memoria, sin mirar, sabiendo que su compañero va a estar ahí para recibirlo”, arriesgó un músico, amigo del baterista Joey Baron. Esa química sólo es posible en una banda que lleva casi 20 años tocando por los escenarios del mundo.
***John Zorn***

La primera parte del show fue, ovación tras ovación, de Baron y Greg Cohen, contrabajista de Tom Waits y miembro de la famosa banda de Woody Allen. En el cuarto tema, “Rathiel”, volcado y abrazado a su contrabajo, mostró la plasticidad del instrumento al que suelen reducir a base rítmica para lucimientos ajenos. La batería fue otro asombro, con palillos, escobillas directamente con las manos hizo lo que quiso sobre el escenario. Dave Douglas, el trompetista, tuvo una gran performance, aunque sus intervenciones fueron un poco menos arriesgadas que las de sus compañeros.
Por último, John Zorn arrancó sonidos imposibles a su saxo alto y fue el corazón de un dispositivo experimental que deconstruyó desde dentro melodías tradicionales klezmer, y produjo una vivencia vertiginosa y plenamente moderna de la música.
***El gran Greg Cohen***

Además de su propia magia, el fundador de la mítica Naked City funcionó como el armador del equipo en el escenario, marcó los turnos, las entradas, los tiempos de cada improvisación. El juego con el silencio, las explosiones sonoras y los fragmentos melodiosos llevaron la música a todos los límites y recibieron la respuesta apasionada del público.
Masada, el nombre del grupo, refiere a una ciudad que en el año 70 dC realizó uno de los actos de rebeldía más recordados del pueblo judío frente al acoso del Imperio Romano. Esta referencia declara la fe en la resistencia cultural y la libertad como esencia del grupo. A la salida del recital cada participante parecía guardar dentro de sí algo de ese tornado musical que por suerte sacudió a Buenos Aires.

En la sonrisita te bajás el concierto :)